Sin tierra a la vista
Resumen
La lectura y relectura del texto de Mariano Horenstein me condujeron a lugares insospechados. Estuve en una isla aislada (no hay redundancia que valga en el inconsciente), evocada por Derek Walcott, el gran poeta del promontorio volcánico de Santa Lucía ‒«En mi isla no hay otoños ni castillos»‒, quien osó recrear a Homero en su poemario épico Omeros (Walcott, 1990/1994). Revisité la vanguardia antropofágica brasileña de Oswald de Andrade y Tarsila do Amaral, sus siete leyes del arte, la práctica del canibalismo, que Mariano conoce requetebién por haber dirigido ‒acaso inventado‒ la revista de Fepal, Calibán. Regresé a un lugar que frecuento una y otra vez: el breve texto de Edward Said sobre Freud y los no europeos, así como sus melancólicas consideraciones sobre el estilo tardío (los cuartetos finales de Beethoven, el Moisés de Freud). (...)
