Publicación

Sujetos, objetos y agendas de los feminismos en el Perú (1909–1931)

Ainaí Morales-Pino

Resumen

Zoila Aurora Cáceres (Lima, 1872–Madrid, 1958), Leonor Espinoza de Menéndez (Aplao, 1876–Lima, ¿?) y Miguelina Acosta Cárdenas (Yurimaguas, 1887–1933) son tres intelectuales peruanas del periodo de entre siglos que abordaron en sus textos ensayísticos y narrativos la precaria situación de las mujeres. Sus disquisiciones se centraron en problemáticas vinculadas con la maternidad, el trabajo remunerado, las desigualdades de las mujeres ante la ley y el matrimonio, institución central para el reconocimiento y la seguridad económica y social de los sujetos femeninos.Este ensayo reflexiona sobre tres ediciones recientes de las obras de estas intelectuales que, provenientes de distintos contextos socioculturales y con diversas formaciones disciplinarias y posturas ideológicas, se enfrentaron a diversas resistencias para ubicarse en el campo intelectual de su tiempo e ingresar en la historia literaria y cultural. La petrificación que caracteriza la exclusión de las mujeres del ritmo envolvente del progreso se evidencia en la imposibilidad de acceder a un discurso histórico plagado de silencios cuando se trata de ponderar las contribuciones de las mujeres e incluso fijar sus datos biográficos—como ocurre con Espinoza de Menéndez y el desconocimiento tanto de su fecha de muerte como del año de publicación de Zarela (aspecto que contrasta con el afán museístico y de conservación prevalente en el caso de escritores e intelectuales canónicos y canonizados). La exclusión de estas autoras en el discurso histórico-literario también se manifiesta en las limitadas reediciones de sus textos. De ahí la relevancia de estas publicaciones que ponen en circulación estas obras angulares para la ampliación crítica de nuestras historias intelectuales.Mujeres de ayer y de hoy (1909 [2022]) de Zoila Aurora Cáceres es un ensayo publicado originalmente en París, bajo el sello editorial Garnier Hermanos. Incluye una dedicatoria a Emilia Pardo Bazán y un prólogo del periodista Luis Bonafoux. Mientras la dedicatoria a Pardo Bazán expone las redes intelectuales y las comunidades ideológicas y políticas que forjaron las mujeres en el periodo (Grau-Lleveria)—en contraste con su exclusión de las comunidades socionacionales, donde la fraternidad era principalmente masculina (Pratt, “Las mujeres” 54)—, el prólogo de Bonafoux es tan poco halagador como reductivo de la complejidad intelectual del trabajo de la autora. Subtitulado “Unas palabritas,” el texto circunscribe el ensayo de Cáceres a “cosas de chica” (37) que no hacen más que presentar “semblanzas interesantes y bonitas; libro de historias femeninas, de anécdotas falderas” (Bonafoux 35).Empero, el ensayo de Cáceres constituye un ejercicio político de articulación de una genealogía de la agencia intelectual y social de las mujeres a lo largo de la historia y, sobre todo, de teorización feminista desde el análisis y la conceptualización de las estrategias de adquisición de poder desplegadas por las mujeres desde el antiguo Egipto hasta el presente de la autora. Entretanto, el prólogo de Bonafoux reitera la negativa del sistema patriarcal a concebir a las mujeres como productoras de discurso histórico, teórico e intelectual, en tanto sigue relegando a la autora al ámbito de la frivolidad debido a una visión esencialista y genérica de lo femenino.En su estudio fundacional acerca de los ensayos escritos por mujeres en el siglo XIX y el temprano siglo XX, “Don't Interrupt Me: The Gender Essay as Conversation and Countercanon,” Pratt propone el concepto del “ensayo de género” (90) e identifica las tipologías del “catálogo histórico” y el “ensayo analítico” (92). El primero corresponde a los listados de mujeres que buscaban fijar anclajes para una tradición intelectual, estética o política que reitere su historicidad y que, como refiere Antonio Cornejo Polar, reconstruya el pasado en busca de respuestas para el presente y de condiciones de viabilidad para el futuro (19). Mientras tanto, el segundo concepto reflexiona sobre los temas y problemas que afectaban a las mujeres en sus diálogos críticos con la modernidad. Mujeres de ayer y de hoy complejiza estas tipologías al reescribir la historia de “la humanidad culta y sus organizaciones sociales” (39) desde una mirada centrada en las mujeres, sus dinámicas y coyunturas. Esta perspectiva ilumina facetas desconocidas de un discurso histórico-cultural que suele limitarse a los sujetos masculinos.El énfasis en las nociones divergentes sobre la temporalidad y la linealidad del progreso cuando se trata de las mujeres es constante en el ensayo, como lo vemos con la mención a las cortesanas griegas y el señalamiento de que la evolución social del hombre suele significar lo opuesto para los sujetos femeninos. Según Cáceres, las cortesanas optaron por el camino de la “degradación” porque rechazaban la vida pasiva, desintelectualizada y doméstica que se imponía a las mujeres en una sociedad que, paradójicamente, iba cosechando importantes conquistas (67).Según Sofía Pachas Maceda, los postulados de Cáceres acerca del feminismo y el lugar de las mujeres en la sociedad moderna exponen contradicciones de la autora como “hija de su tiempo” (“Estudio preliminar” 12). La defensa radical del hogar como espacio para la mujer, al igual que la reiteración de máximas patriarcales como el imperativo de belleza para el sujeto femenino (Cáceres 40), parecieran mostrarnos a una intelectual demasiado próxima a visiones tradicionales que serán muy cuestionadas por feministas posteriores como Simone de Beauvoir, con su crítica a conceptos como el del “eterno femenino.” Ahora bien, Cáceres también confronta esta construcción patriarcal desde estrategias que resultan, en apariencia, menos beligerantes. Primero, plantea un dinamismo soterrado que socava la tradicional petrificación de la mujer al ser pensada como genérico siempre idéntico, pues habla de cambios de sentimentalidad y distintas “edades” determinadas por el grado o las formas de intervención social y política de las mujeres. Es decir, Cáceres relee y reorganiza la historia a partir de los roles que han tenido los sujetos femeninos en distintos momentos y contextos. Así, menciona la “edad guerrera” o la época en la que las mujeres participaban, al igual que los hombres, en la guerra; la “edad religiosa,” marcada por el misticismo idealista; y la “edad actual,” en la que las mujeres salen a la calle reclamando derechos políticos e igualdad ante la ley (40). En segundo lugar, plantea a la mujer como fuerza poderosa y transformadora (40) (ni ideal ni pasiva) que encauza a los países al desarrollo progresista a lo largo de la historia. Con ello, la autora crea pasajes para reconciliar a las mujeres con la narrativa hegemónica del progreso.Ahora bien, la visión de Cáceres acerca de la modernidad, tan celebrada y anhelada en otros ámbitos del campo social y cultural del momento, es más compleja. Al tener como foco la situación de las mujeres, la autora enfatiza la precariedad de los tiempos actuales y el carácter paradojal de sus conquistas. Los derechos ganados implicarían, más bien, una duplicación de las cargas en un contexto de vulnerabilidad agudizada: ¡Cuán distantes nos encontramos de la época en que los tejedores de los campos de Manchester, por ejemplo, trabajaban en el bastidor al lado de sus mujeres, delante de las puertas de sus casas, mientras ellas cuidaban de sus hijos, y en sus momentos libres hilaban la lana! (41)Para la autora, el feminismo es un producto de los tiempos modernos, a los que concibe como desfavorables para las mujeres: Si el feminismo ha tomado en estos últimos tiempos la forma de una organización acabada en la que actúan energías capaces de sostener una lucha, ello solo se debe a las condiciones de la vida, al problema de la miseria, que aún no está resuelto, al de la libre competencia, en el cual el esfuerzo individual ofrece un máximum de energías para ser retribuido con un mínimum de remuneración. (41)Así, Cáceres coincide con la comprensión del feminismo como un hijo de la modernidad, aunque no por las mismas razones que alegarán filósofas feministas posteriores como Celia Amorós o Amelia Valcárcel. Mientras estas pensadoras ven en el feminismo un producto de la razón crítica que surge con el pensamiento ilustrado y que, paradójicamente, naturaliza la subordinación de las mujeres, Cáceres ensalza el pasado por considerarlo menos azaroso para los sujetos femeninos: “[la] acción y opinión [de la mujer] era tenida en alta estima, de esta manera disfrutaba ciertos privilegios, evitándose la ruda labor de la vida moderna” (41).Además de las interseccionalidades de raza y clase que atraviesan su concepción de la mujer y la defensa de un orden social convencional, su proyecto reivindicativo, en esta etapa de su pensamiento intelectual, dista de las luchas de las feministas europeas que reclamaban el derecho al voto y la agencia política. Su objeto son las reformas al curso que va tomando la modernidad y la vulnerabilidad que sus nuevas dinámicas imponen a las mujeres, en lugar del cuestionamiento radical al sistema patriarcal: “Si en la mujer existiese la fuerza de la iniciativa y de mando, algún pueblo la habría mostrado como elemento dirigente y al hombre secundándola” (44).Empero, este liderazgo y esta potencia son los que ella misma va a visibilizar e historizar en este ensayo que subsana los silencios del discurso histórico cuando se trata de los sujetos femeninos. El apartado dedicado a las alemanas—abordado en su tesis doctoral, Feminismo en Berlín (1902)—articula un sólido mapa de los feminismos alemanes y las formas de intervención política y social de las mujeres comprometidas no solo con proyectos pedagógicos y editoriales (como las revistas feministas de diversas líneas ideológicas), sino también con asociaciones que buscaban las mejoras sociales y políticas para las mujeres. Por su parte, los apartados dedicados a las feministas peruanas exponen una tradición intelectual y política y visibilizan las asociaciones que configuraron para labrarse pasajes de ingreso a la modernidad mediante la educación y el trabajo remunerado. Destaca la mención al Centro Social de Señoras, fundado por la misma Cáceres, el cual expone las tesituras del ideario feminista que la intelectual defiende para el contexto peruano, en contraste con el europeo: “El Centro Social de Señoras no se propone prodigar conocimientos tan vastos como los que abarcan los colegios de varones en la enseñanza secundaria, ni preparar señoritas para que lleguen al doctorado” (179). Es decir, se trata de un ideario feminista anclado a las particularidades del contexto y que busca mejoras para las mujeres sin alejarlas “de su elevada misión de madre y educadora de sus hijos” (179).Este tipo de enunciados revelan una apelación estratégica a lo que investigadoras claves en la crítica literaria feminista en el ámbito latinoamericano, como Francine Masiello, han denominado la “doble voz” a la que apelaron las mujeres para desestabilizar las dicotomías y el talante monolítico del discurso histórico-letrado patriarcal, pues, en la práctica, asociaciones como el Centro Social de Señoras fueron claves para el reconocimiento político de las mujeres al brindarles una red de contención que la misma sociedad democrática de entonces no les confería.La conciliación política como estrategia de adquisición de poder también se manifiesta en el balance final, con el apartado titulado “Feminismo”. Allí se exponen los temas discutidos en los congresos feministas y las leyes que estos impulsaron (236). Ahora bien, la autora enfatiza que se trata de triunfos de la “justicia social”, en lugar de ser conquistas del feminismo: “en vano las feministas que visten pantalones o las que recorren las calles blandiendo estandartes, e invaden corporaciones, los pasillos de los ministerios, pretenderían atribuirse la promulgación de dicha ley, ni aun el haber sido las inspiradoras” (240). La relación entre el feminismo y las empresas de mejora social a la que toda la humanidad debería aspirar es una treta retórica y política frecuente en la obra de Cáceres que la acerca a los postulados de las feministas relacionales europeas, para quienes las reivindicaciones no podían lograrse sin el consenso y, sobre todo, el pacto con el sistema (Offen 136). Por último, la obra de Cáceres confronta los procesos de canonización literaria y cultural al presentar un sólido panorama histórico-crítico del arte y la literatura elaborados por mujeres en el mundo occidental. Con ello, irrumpe contra el discurso patriarcal que cercena la posibilidad de concebir a las mujeres como sujetos creadores que imaginan y teorizan.Por su parte, Zarela. Novela feminista, de la escritora arequipeña Leonor Espinoza de Menéndez (publicada entre 1910 y 1914), expone las vicisitudes de un grupo de mujeres que, pese a sus diferencias socioeconómicas, convergen en el reconocimiento de su vulnerabilidad (Morales-Pino 93). Siguiendo un formato que dialoga con el marco estético-ideológico realista, el texto muestra con crudeza la imposible sobrevivencia de las mujeres en una sociedad moderna que, paradojalmente, agudiza su desigualdad.A primera vista, la novela pareciera reivindicar al personaje de Zarela como prototipo de un feminismo regenerador para la sociedad en crisis (Salas Pino 28). Zarela había sido mal comprada en su infancia por una mujer de clase alta, Luisa de Espanet, quien estaba casada con un hombre mayor y optó por la maternidad artificial como recurso para garantizar su seguridad económica. El texto plantea las calculadoras reflexiones de Luisa con su conciencia de la inseguridad a la que la condenaba un código civil que no reconocía derechos económicos ni de propiedad para las viudas sin descendencia.El espíritu calculador también caracterizaba las decisiones de los padres biológicos de Zarela, Soledad Tomazzi y Raimundo Tassara, quienes mantenían a su hija en la clandestinidad por haberla tenido fuera del matrimonio y representar una potencial mancha para la ascendente carrera de Tassara. El padre decidió dejar a la niña bajo el cuidado temporal de dos mujeres pobres que sucumbieron a la oferta económica de Luisa, la compradora de Zarela, mediante la hábil intercesión de su empleada.A la tristeza de Soledad Tomazzi por la pérdida de la hija se le sumó el desprecio del marido, quien la culpó por la desaparición de la niña y la condenó por su supuesta falta de instinto materno. La poquísima estima de Tassara hacia su mujer y, como lo muestra el texto, de los hombres hacia las mujeres en general, la a ella y a sus dos Soledad y a la la por y sus de una precaria educación bajo el cuidado del fueron de la sociedad sin que sus Al su imposibilidad de social mediante el madre se de un a su hija mujeres de clase alta, a la se a una por los que su la de el texto un discurso que a las mujeres de en lugar de que las mujeres que para a sus y la que “la por una crudeza realista, la novela muestra los y cuando se trata de las mujeres, más que de de también al con un hombre que la pese a sus por ser una y de la novela los de la época que les a las mujeres de intelectuales para en el matrimonio y la vida como para garantizar el de sus Los de su le de la estas la que la de las sobre cuando se de las mujeres la novela muestra Zarela la que a la que le una madre más que y Luisa en la maternidad una económica y, pese a sus en a Zarela para ingresar en la carrera de con lo que una y un trabajo que las a de la la muerte del a la mujer al cultural las de las tradicionales ante el al que como una mejora social general, y sus conocimientos e económicos para a mujeres (Morales-Pino De la novela con un matrimonio entre ella y un que la como su igual y la en sus bien, este proyecto feminista que el personaje de Zarela sus al ser e para la de las mujeres y al tener como a las mujeres y Su objeto y sujeto lo las mujeres de las y por la en y de para su De ahí la relevancia del personaje de Luisa, una mujer de que había la social la del en lugar de optó por le a Luisa una que la a la sentimentalidad para labrarse un para sin en ni Con el personaje de Luisa, el texto muestra feminista, ni ni para las mujeres (Morales-Pino de Miguelina Acosta de y en en la de un con a las de Cáceres y Espinoza de por una de intelectuales y Acosta Cárdenas de los que estas en social y en la de de por la feminista y y su por a su desarrollo y intelectual en el contexto de del y Acosta Cárdenas los de una modernidad en los a los un en asociaciones feministas vinculadas con los e como por la feminista la de la la y el de las El feminismo de Acosta Cárdenas a la mejora a de las autoras en este ensayo, su sujeto y objeto de lo las mujeres y crítica de los escritos de la autora y sus tesis de y La primera se institución del matrimonio la y social de la mujer y plantea una crítica del para la de las mujeres a la a la mujer como un sujeto con de y ser igual a su masculina Su tesis doctoral, del a la igualdad civil y del hombre y la mujer el texto desde una perspectiva de en el del Sus postulados en contra del del genérico en los del las actuales sobre el desde su relación con la y el reconocimiento de las mujeres. 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